Ni el hábito hace al monje, ni la nariz al clown. Es decir… ponerte una nariz no te convierte en payaso, solo en una persona que lleva puesta una nariz de payaso. Dejar que tu clown aparezca requiere de valentía, pues para ello deberás dejar que caiga la armadura que solemos ponernos ante el mundo, no sea que me hagan daño, y mostrarte ante los demás vulnerable, torpe, ingenuo, sin defensas… reconociendo tu parte mas humana y ridícula, y mostrándola en un juego de honestidad escénica.

El payaso no reside en la nariz

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